Jueves 21.09.2017

Decir mucha presión se queda corto

Decir mucha presión se queda corto

Hubo un momento deportivo en nuestro país que prácticamente lo paralizó. Más de 13 millones de espectadores de una población de 32 millones en su momento.

Curiosamente no fue el futbol, la final del mundial o de la Eurocopa en donde España la gano.

Tampoco fue el baloncesto con su mundial o europeos conseguidos por España. Tampoco fue el balonmano con su enorme mundial en nuestro país. No fue tampoco ninguna final de la NBA entre Celtic de Larry Bird o los Lakers de Magic, ni los Bulls de Michael. No fue ningún partido épico de tenis entre Lendl y McEnroe o de Arancha con Steffi Graf o de Nadal con Federer….

No fue nada de esto.

El momento que casi paralizo el país fue la partida 28 del mundial de Sevilla en el 87, entre las dos K. Entre Anatoli  Karpov y Garri Kasparov.

Increíble¡¡¡¡  Estamos hablando de ajedrez¡¡¡¡

Pero…. Eso que es? Un juego de mesa, un juego de niños, o quizás sea un deporte…..

Sin duda es un deporte en letras mayúsculas. Las personas en general no lo asocian con ello porque no hay movilidad física. Pero os aseguramos que después de 6 horas detrás de un tablero, el cansancio físico es muchísimo mayor que un partido de futbol. La presión interna es brutal. No hay nadie en donde aferrarte…. Un mero error te condena y tira todo el trabajo realizado. En el futbol hay errores continuamente, errores que se minimizan gracias a los compañeros. En el ajedrez no.

Seguramente el ajedrez es el deporte más duro que hay. Por encima de cualquier otro deporte individual.

En este marco nos encontramos en el año…. En donde Anatoli Karpov consigue el mundial de ajedrez por que su rival el mítico Bobby Fischer se negó a jugar. Las versionas más aceptada fue que Fischer no estaba preparado psicológicamente para perder (era un genio pero también era esquizofrénico). Se le ofreció una bolsa de 60 millones de dólares (de aquellas ahora serian 600) pero se negó… Desapareció literalmente y el titulo pasó a Anatoly Karpov.

Karpov gano varios mundiales con bastante facilidad (Víctor Korchnoi en tres ocasiones), la superioridad era aplastante. Pero en el horizonte apareció otro soviético…. Gary Kasparov, diez años más joven que Karpov.

Aquí comenzó la mayor rivalidad que pudo haber en el deporte. En su momento paralizó medio mundo en momentos puntuales algo que no consiguió ningún otro deporte. Fue increíble.

Kasparov tenía un estilo de juego clásico, defensivo, nunca cometía errores y era capaz de aprovechar cualquier pequeña ventaja para agrandarla, además era el típico ciudadano soviético nacido cerca de Moscú. Kasparov era todo lo contrario, una fuerza de la naturaleza, unas partidas brillantísima una imaginación y creatividad de un genio. Era todo lo contrario que el régimen soviético defendía, era de Bakú capital de Azerbaiyán, ahora independiente de Rusia.

En 1984 se enfrentaron en su primer mundial de ajedrez. Antes de narrarlo, hay que decir que es una partida en estos niveles. La tensión de una final de un mundial  de futbol o baloncesto es enorme (recordar a Ronaldo devolviendo antes de jugarla por ejemplo o el cabezazo de Zidane…) pero solo es un día. Una partida de ajedrez a estos nivel es algo igual en cuanto a tensión o incluso superior.

Después de decir esto, los dos ajedrecistas de sentaron. Cada partida es un punto y cada tabla no cuenta. El mundial era a 6 partidas ganadas. Algo sencillo a priori, Karpov había ganado a Korchnoi por 6-2 y 6-4 en las anteriores mundiales en menos de dos semanas).

Nadie podía esperar lo que iba a suceder…..

Partida novena y Karpov gana por 4-0. Partida vigésima séptima, después de 3 meses¡¡¡¡¡ y 5-0 para Karpov.

Parecía hecho como es evidente pero nadie preveía lo que pasaría. Kasparov se defendió con uñas y dientes partidas muy muy complicadas y en la partida 32, conseguía el primer punto.

Después de 4 meses delante del tablero, después de jugar más de 45 finales mundiales de futbol en cuanto a tensión…. Se llega a la partida 47, Kasparov vence a Karpov. En la 48 Kasparov vence a Karpov. 5-3.

Los dos deportistas están completamente agotados. La FIDE no había previsto esto y no había límite de partidas. Karpov estaba en las últimas físicamente, tenía 10 años menos. El conocimiento mutuo era total. Solo un pequeño error podía dar la victoria a uno u a otro. La tensión era brutal. Llegado este momento la Fide después de 6 meses¡¡¡¡ que se dice pronto, decide paralizar el mundial. El mundo está expectante que pasara?

Se juega otro mundial un año después, un mundial  que ya tenía un límite de 24 partidas. Lo gano Kasparov, el ogro de Bakú,  por 13 y medio contra los 11 y medio de Karpov. Un mundial el del 86 con partidas brillantísimas y en donde Kasparov se corono como campeón Mundial.

Un año después, en el  86 se juega la revancha en Londres. Kasparov vuelve a ganar por solo una partida. Igualadísimo mundial, en donde hubo de todo, hasta acusaciones de espionaje entremedias, después de 3 victorias seguidas de Karpov.

Y llego 1987, Sevilla. Después de un torneo de candidatos en donde Karpov se exhibe prácticamente llega la final con Kasparov. Un mundial que paralizaría el mundo prácticamente.  En España, al jugarse en Sevilla la última partida fue memorable, prácticamente todo español sabía que se estaba jugando este mundial de ajedrez, algo que solo paso esta vez y que dudamos vuelva a pasar.

Cuando los jugadores llegaban en sus coches, con sus escoltas y sirenas, al teatro Lope de Vega, poco antes de las 4 de la tarde de cada día había una multitud enorme esperándolos.

Las partidas se retransmitieron por la tve 2 integras. En la última partida se llegó a tener 13 millones de espectadores, de aquellas el país contaba con 32 millones. Un share de un 80 por ciento. El país literalmente se paralizo en esas horas que duro esta última partida.

En una de las partidas, Karpov que tenía posición ganadora, cometió un error con su torre, algo  que aprovecho Kasparov para con gestos explicárselo al público. Ganó la partida, pero aquí literalmente España se dividió en dos. Como en un Madrid, Barsa o la derecha y la izquierda. No había ya nadie indiferente.

Quedan dos partidas, el torneo está empatado. Después de 22 partidas, llega la inolvidable partida 23. En ella los dos jugadores con graves problemas de tiempo. En algunos casos extremos se puede llegar a jugar dos jugadas por segundo.  La tensión se cortaba con un cuchillo. Media España estaba pegada al televisor y Karpov gana la partida. Karpov está más cerca que nunca de derrotar a Kasparov.

Leotxo García va al camerino de Anatoli y lo que se encuentra es a Kasparov destrozado, llorando a lágrima viva.

En palabras de Kasparov, “decir mucha presión es quedarse corto”.

Llega la última partida, el momento deportivo más visto por el mundo hasta la fecha. 13 millones de Españoles, 200 de Rusos, casi 1.000 millones en todo el mundo….

Increíblemente Kasparov gana una partida que tenía perdida. Una proeza, pues hacia unas horas está hundido psicológicamente. Es una hazaña deportiva. Es una heroicidad.

Hubo un último mundial el 90 en donde gano Kasparov por escasísimo margen de un punto de nuevo.

No fue el final de esta rivalidad. En los cinco años siguientes cada enfrentamiento, en torneo, entre Kaspárov y Kárpov se convertiría en un espectáculo mediático. Linares, Lyon, Olimpiadas… Karpov ganó mucho de estos torneos a Kasparov.

Se llegaron a odiar, literalmente era puro odio. 500 horas frente a frente en un escenario y miles y miles de horas mas pensando obsesivamente el uno en el otro. Despues de 144 partidas por el mundial. El balance fue de 72,5 contra 71,5 a favor de Kasparov, prácticamente cero.

Pero al final se pasó a un respeto deportivo.

Cuando Kasparov fue encerrado en la cárcel durante 5 días por el régimen de Putin, solo una persona que  fue a visitarlo. Anatoly Karpov.

Algo que en palabras de Kasparov fue muy muy importante.

Si habéis llegado al final de este artículo, habréis tomado partido seguramente por uno o por otro. Como es lógico.

El que escribe tiene que ser objetivo, pero no nos podemos resistir a deciros de quien íbamos…..

Anatoli Karpov.

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